Pese a que Miklós Rózsa trabajó más de 30 años al servicio de la imagen, fue en la década de los 70 cuando su nombre volvió a cobrar protagonismo en el mundo de la música de cine. Ello se debió fundamentalmente a la excelsa labor difusora del historiador y musicólogo Tony Thomas y al deseo de jóvenes realizadoras de dotar a sus films del toque del maestro húngaro.
Es durante esta última etapa de su carrera dónde Rózsa perfeccionó aún más si cabe su estilo y firmó obras maestras como Fedora, La Vida Privada de Sherlock Holmes, El Eslabón del Niágara, El ojo de la Aguja o la obra que nos ocupa, Providence.
El film es una de esas cintas que han sido encumbradas por la crítica y no es algo que resulte exagerado ya que con el paso de los años su visionado aún resulta fascinante.
La calidad de la cinta es algo indiscutible pero hay que poner de relieve que si hay un componente sobre el que se asienta el éxito de la película ese es sin lugar a dudas la sublime partitura escrita por el maestro húngaro que obtuvo por su composición el Premio César de la Academia Francesa de 1978.
El porqué de la elección del compositor por parte de Alain Resnais fue algo premeditado ya que el llamado realizador de la memoria concibió la imagen y la música de Rózsa como un todo inseparable.
Deseaba recuperar el espíritu musical del cine negro de los años 40 en el que los personajes se movían entre violencia, amor y traumas mentales; y quién mejor que el maestro de maestros, autor de obras como Recuerda, para dar vida a tan atribulados personajes.
Así pues la banda sonora bebe claramente de los ricos matices del cine negro de la década de los 40 en cuanto a sonoridades sombrías y oscuras, con una cuerda vibrante y tensa que los aficionados podrán reconocer en películas como Tiempo de Amar, Tiempo de Morir.
Junto a este modelo de música, Miklós Rózsa desarrolla unos temas plagados de elegancia con un punto de cierta decadencia que se adecuan como un guante a la imagen.
Para ello y basándose de los contrapuntos melódicos tan agradecidos que podemos encontrar en todas sus obras de cine negro, perfecciona aún más si cabe el uso de la cuerda hasta lograr unas texturas sublimes y que dotan a cada nota de un inconfundible estilo rozsiano.
Cuerdas de lirismo exacerbado y acompañamiento melódico y elegante de instrumentos como el clarinete y el oboe marcan la obra siendo reconocibles estas texturas en obras posteriores y cuyas elegantes y serenas cadencias se convirtieron en el sello identificador de la última etapa de su amplia carrera musical.
Sólo Miklós Rózsa supo plagiarse a sí mismo con una mayor calidad si cabe y sin caer en la burda repetición a la que muchos compositores caen constantemente.
Sólo él supo evolucionar y perfeccionarse sin abandonar nunca su inconfundible estilo y por ello ha sido capaz de enamorar a una inmensa legión de seguidores de todas las generaciones.
Destacar algún tema resulta algo absurdo ya que la obra ha de disfrutarse en conjunto pero conviene hacer mención especial de cortes como Feuillages, Providence y Valse Crepusculaire que brillan con luz propia en la medida en que resumen de forma notable las distintos modelos musicales por los que se mueve la partitura.
Hasta el momento esta banda sonora sólo contaba con un par de ediciones de los sellos CAM y DRG en que se recoge básicamente el mismo material, es decir, los 15 temas que contenía el viejo LP de la época y cuya duración ascendía a unos 35 minutos aproximadamente.
Existía una edición pirata con la música de los másters y que circulaba por la red siendo éste el material que ha sido publicado por el sello Digitmovies tras una oportuna masterización.
Aunque he tenido la oportunidad de leer algunas críticas bastante duras al respecto de la calidad del trabajo sobre el audio (obviamente la calidad musical resulta innegable) creo que resulta un tanto injusto ya que, pese a tener que reconocer que algunos temas podían haberse pulido un poco más, en líneas generales la audición mejora la de las antiguas ediciones.
Además, no podemos perder de vista que esta edición recoge alrededor 14 minutos más de música adicional nunca editada hasta alcanzar los 54 minutos y eso es algo que resulta de agradecer.
En cualquier caso y sin entrar a debatir cuestiones técnicas, la música de Rózsa se disfruta enormemente en cada matiz y textura y eso es algo que resulta incuestionable.
José Luis González